Si se visita la ciudad de Tlaxcala, en primera instancia, uno se topará con un colorido ambiente de casitas campiranas, con techumbre de tejas rojas, amarillas y de otros vivos colores. También sobresalen varios de los edificios novohispanos que engalanan su notable proyección arquitectónica. De hecho muchos de ellos, los cuales datan del siglo XVI, se conservan en perfecto estado e integran otro aliciente para visitar esta admirable entidad de nuestra república. Pero además, Tlaxcala también es recomendable para la práctica del ecoturismo y los deportes extremos: sus privilegiadas condiciones geográficas lo hacen excelente para estar en contacto estrecho con la naturaleza, o para explorar sus rincones más sugestivos, ejercitándose en el rappel o en la bicicleta de montaña.

Desde antes del arribo de Hernán Cortes  y sus huestes, al territorio que actualmente se conoce como Tlaxcala, este último estaba dividido en diferentes señoríos, de los cuales los más relevantes eran Tepeticpac, Ocotelulco, Quiahuixtlán y Tizatlán. Cuando los guerreros tlaxcaltecas se enfrentaron con el ejército español, el resultado de ello fue una alianza que a la postre derivaría en la caída de Tenochtitlan. Posteriormente la ciudad de Tlaxcala fue fundada por Hernán Cortés, en 1525 y hasta la fecha se preservan varios de los edificios que se levantaron en esta primera etapa del lugar.

La ciudad de Tlaxcala es la capital de uno de los estados más pequeños de nuestro país. Pero no por esta circunstancia se debe pensar que basta una sola jornada, para descubrir sus muchos atractivos. Por el contrario, la rica cultura, los antecedentes históricos, los fascinantes paisajes silvestres y los vestigios arqueológicos que caracterizan a esta magnífica ciudad provincial, hacen que Tlaxcala precise de varios viajes y estancias, para acercarse un poco a su magia particular.

Uno tiene la oportunidad de conocer esta maravillosa ciudad en gratos recorridos a pie, o en un ameno paseo en tranvía, el cual era el medio de transporte más significativo para los habitantes de la región, en los inicios del siglo XIX. El tranvía nos permitirá explorar el Centro Histórico, así como también el Santuario y Basílica de la Virgen de Ocotlán.

Luego es tiempo de colmarse con la cultura, tesoros coloniales, y las más diferentes construcciones históricas que ennoblecen a Tlaxcala. Además, vale la pena detenerse de vez en vez y valorar el entorno de pureza silvestre, con cascadas, barrancas y montañas, que caracterizan esta zona de México.